jueves, 17 de noviembre de 2011

The Drums en Barcelona: de pitillos y camisas de cuadros

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Lo de anoche podría haber sido tanto un concierto de The Drums como un desfile de ropa de H&M. Con un gran número del público enfundado en pantalones de pitillos y camisas (para que luego digan de los tópicos) el grupo de Brooklyn salió a escena cinco minutos después de la hora acordada. Con un gran cartel a sus espaldas en el que se leía el nombre del grupo en letras mayúsculas, además de unos carteles con luces doradas en las que se leía el nombre del nuevo disco, Portamento, el grupo comenzó a desgranar canciones de sus dos álbumes de estudio.
Al ser de Barcelona he tenido ocasión de pisar en muchas ocasiones la sala Razzmatazz para ver diferentes conciertos. Las experiencias han sido de todos los tipos: desde sonidos pésimos a sonidos aceptables pasando por los reguleros. Pero anoche espero que alguien felicitara al técnico de sonido:  sonaron de fábula. Envueltos en una espesa capa de humo que desde la parte de atrás de la sala solo permitía distinguir sus siluetas (en ocasiones ni se veía al baterista), la banda machacó un tema tras otro mientras su vocalista, Jonathan Pierce, ataviado con camisa roja y pantalones negros se dejaba llevar por un baile en el que parecía que la posesión estaba a punto de llegar.
Canciones como Best Friend, Me And The Moon, Mooney (mucho más bailable que en el álbum), I Need Fun In My Life, I Need A Doctor, Book Of Revelation, Days o Forever And Ever Amen (uno de los momentos cumbres de la actuación) hicieron que la gente no parara ni un momento quieta. Jonathan, que no escaseó en alagos hacia la ciudad de Barcelona, cantó todas las canciones con una voz muy potente y mucho más animada que en sus discos. La banda estuvo compenetrada en todo momento dando muestra de que llevaban el directo muy por la mano. Sonaron tan limpios como compactos.
Aunque el público no consiguió llenar todo el aforo, lo cierto es que la pista estaba llena dejando libres los pasillos de arriba. Se llegó a ese punto en el que uno estaba rodeado de gente pero podía moverse tranquilamente. Una cosa que me sorprendió mucho es ver a la gente bailar. Normalmente la gente salta y canta, pero aquello en ocasiones parecía un guateque lo cuál distaba mucho de los conciertos que había visto últimamente y lo cuál hizo que viera al grupo con otros ojos: su directo distaba mucho de sus discos.
Aunque fue una actuación excelente de algo más de hora y media, el contrapunto amargo fue el final de la velada. Tras un bis de tres canciones en el que acabaron con la fabulosa Down By The Water, la banda tan pronto como llegó se fue y a la gente no le dió tiempo a asimilar que su hit Let´s Go Surfing no iba a ser interpretado. Un servidor ya tenía conocimiento de que su famoso tema ya no figuraba en los setlists de sus conciertos por expreso deseo de la banda, pero claro, mucha gente lo desconocía. Al acabar el espectáculo y encenderse las luces muchos se preguntaban como era posible haber acabado sin tocar su gran hit y mientras algunos marchaban otros esperaban a que salieran de nuevo. Y esperaron tanto que empezaron a silbar y a gritar pidiéndolo. Creo que pasó como con Radiohead, donde mucha gente aún se soprende al verlos y no escuchar Creep, pero que le vamos a hacer? Son cosas de artistas.
El caso es que hubiera sido una velada de diez (que la dejamos en ocho) si hubieran dado a la gente aquello que querían, su gran hit. Y puedo entender que no quieras que te encasillen por un tema o que te aburra tocarlo, pero al fin y al cabo la gente que está ahí también tiene derecho a pagar por lo que quiere, no?

Página Oficial: The Drums
Spotify: The Drums

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